Houellebecq en estado puro
Reflexivo, meditabundo, nihilista, mordaz, irónico, crítico, informal en su apariencia, fumador compulsivo, sin pelos en la lengua, sin ataduras morales ni estéticas, desprendido del sentido del ridículo que imputa a sus compatriotas franceses, políticamente incorrecto… y pausado, calmoso, estado que sólo se ve alterado cuando menta a Yasmina Reza, confesándose “furioso” por no haber escrito él mismo el libro El alba, el anochecer o la noche, en el que la dramaturga francesa retrata al presidente francés Nicolas Sarkozy a partir de un seguimiento de tres años de sus campañas políticas. “¡Merde!”, exclama Michel Houellebecq. Todo lo demás parece anclado en la desazón, la desazón houellebecquiana, intrínseca al mundo y la realidad que experimenta el gran enfant terrible de la literatura actual.
Puedes estar de acuerdo con él o mostrarte totalmente disconforme, pero no se puede ser indiferente a uno de los mayores genios de la literatura moderna y a un hombre que dice lo que quiere, cuando quiere y como quiere.
Aquí lo tenéis en una entrevista donde expone parte del polémico pensamiento houllebecquiano y que paso a desglosar:
- El mundo es desagradable y el hombre es malo por naturaleza (descubrimientos en el internado).
- El terrorismo islamista o la fuente de sus (des)encuentros con la Justicia y el ambiguo derecho de libre expresión, a raíz de la publicación de su polémica novela Plataforma (”predecir que algo así podría pasar estaba al alcance de todo el mundo; creo que el porvenir de esa amenaza es bueno para ellos; es una amenaza que va en aumento”).
- Mayo del 68, un eslogan (los sesentayochistas ridiculizados en Las partículas elementales).
- Simpatizante de Sarkozy (”alguien de derecha que asume su posición de derecha”).
- Carla Bruni, una primera dama acostumbrada a mundos violentos (Bruni corresponde a Houellebecq en su nuevo disco con el corte titulado La posibilidad de una isla -el mismo que la última novela del literato-, donde canta el poema de Houellebecq Péché d’envie - Pecado de deseo).
- Ironía sobre su lado demócrata (”acepto lo que diga la mayoría”).
- Demasiado viejo para ser clonado (su obsesión en La posibilidad de una isla).
- ¿Romántico? (”es posible; tiene sentido en mi caso”).
- Plataforma, obra incompleta (”un libro que os gusta mucho aquí, en España”).
- Sin miedo a la muerte (”lo que me podría angustiar es una pérdida de visión, ese tipo de cosas”).
- Y, por supuesto, el sexo (”mejor en España que en Francia”).
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