
Dicen que ésta es la Sociedad de la Información. Pero, ¿cuántos ítems informativos puede soportar una persona diariamente y dónde está el límite entre abundancia y sobrecarga?
Yo tengo que reconocer que estoy saturado. Profesionalmente me debo a la información, pero asumo que con las nuevas tecnologías he pasado a una especie de esclavitud consentida. Por ejemplo: cada día puedo dedicar de dos a tres horas a los RSS y al email, un tiempo excesivo, una inversión poco rentable si tenemos en cuenta que tres cuartas partes de lo que llega se va a la basura porque no tiene nada de significativo para uno.
Pero, ¿qué pasa cuando nuestro correo electrónico se satura de mensajes no leídos, o decidimos mandar un puñado a la papelera de reciclaje de un solo cick y, por supuesto, con los ojos cerrados, porque ya no damos abasto? Frustración. Y queremos enmendarlo abriendo más correos, leyendo más noticias, viendo más vídeos… que, seguro, seguiremos recibiendo en masa, incluso cuando estemos en una playa nudista, semidesnudos, con nuestras pelotas al aire y nuestras orejas vestidas por auriculares del iPod o del teléfono móvil.
Algunos estudios han revelado que la dependencia a las nuevas tecnologías está mermando la capacidad de concentración y productividad de las personas a las que atrapan. Algunas de las compañías que han generado todo este maremágnum (des)informativo debieron contrastar esto entre sus trabajadores. Sólo así se entiende que se hayan puesto manos a la obra para aliviarnos.
Empresas punteras de tecnología como Microsoft, Intel, Google e IBM, se han aliado para combatir esta sobrecarga de información. Han creado el Information Overload Research Group (Grupo de investigación sobre la sobrecarga de información), que investigará y analizará este problema, divulgará sus hallazgos y diseñará maneras y estrategias para ayudar a los trabajadores a lidiar con el diluvio digital. Su objetivo, dice, es reducir la contaminación informativa.
Los primeros consejos se centran en revisar el correo con menor frecuencia, ser más juicioso a la hora de mandar emails masivos y evitar que la alerta de correos nuevos altere continuamente el plan y la lista de tareas pendientes.
Lo que hay que tener en cuenta es que estas supercompañías han fomentado, para bien y para mal, la dependencia a las nuevas tecnologías; han causado una adicción masivamente compartida que cala en los huesos y en las neuronas de millones de personas, sin que éstas tengan posibilidad real de desengarcharse, por mucho que se empeñen. Porque estas nuevas drogas que son las nuevas tecnologías no son para evadirse de la realidad, sino que son la realidad misma, una sobredosis de realidad.
¿Eres adicto a Internet?
Según mediciones de RescueTime -compañía que analiza hábitos en el uso de computadoras-, un empleado promedio de una compañía de información se conecta a su programa de correo electrónico más de 50 veces en el día, usa el Messenger 77 veces y se detiene en 40 portales de Internet en el curso de un día.
Es trabajo, es deber, es responsabilidad, es compromiso…, pero también es distracción, pasatiempo, ocio, recreo… ¡Qué paradoja! Antes buscábamos escabullirnos de la realidad y ahora urgamos en ella para ¿evadirnos? ¿Evadirnos de qué? De nada. Atrapados estamos, como personajes de una nueva versión de la película Dark City.
La retórica, nuestra retórica, es digital. Y lo que se sale de ella empieza a parecer ilegible, ininteligible, indescifrable, raro… Somos adictos a la realidad (digital). Tanto, que al vecino de la puerta adyacente ahora le pedimos sal por móvil o Messenger. Y me acaba de decir que no tiene.
La información sin (auto)control no sirve de nada.
