Miedo y asco en el orgullo gay en Madrid

orgullo gay1 Miedo y asco en el orgullo gay en Madrid

Imagen tomada con móvil en la Plaza de España desde un punto próximo al sitio donde tuvo lugar la agresión

Soy consciente de que lo que voy a escribir a continuación seguramente sea utilizado por algún demagogo para tacharme de homófobo y racista, pero no me importa lo más mínimo, porque me repugna la mordaza de lo políticamente correcto. El título de este post juega con aquel magnífico relato de Hunter S. Thompson titulado “Miedo y asco en Las Vegas”, pero las coincidencias se quedan ahí. “Miedo y asco en el orgullo gay en Madrid” describe literalmente las dos sensaciones con las que me fui de la Manifestación Estatal del Orgullo LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), organizada por COGAM y FELGTB este sábado 4 de julio para reivindicar sus derechos y por los cuales yo, heterosexual, me sumé solidariamente a su marcha porque creo en la igualdad y en la plena equiparación de derechos civiles al margen del sexo, raza, religión, idioma, ideas u origen. Podría ceñirme al uso partidista y lamentable que se hizo en esta marcha de unos derechos que deberían ser de obligada defensa de cualquier político y partido democrático; podría ceñirme al esperpéntico espectáculo político en el que se convirtió la marcha cuando desde el atril se pidieron aplausos y servilismo para el PSOE, UPyD e Izquierda Unida, cuando no hay derecho civil dependiente de ninguna ideología política ni subsidiario de ningún partido político; no, no me gusta que los derechos de los ciudadanos se politicen, menos aún que se los apropien políticos oportunistas subidos a una carroza en un desfile que, pensé, era civil, no político, porque la aplicación de los derechos civiles no puede ser entendida como una concesión o favor, sino como una obligación. Pero no voy a ahondar más en el patético espectáculo partidista que tuvo por momentos la marcha. Voy a hablaros de la barbarie que presencié en la Plaza de España de Madrid, meta de esta marcha que, recuerdo, no se trataba de un desfile, sino de una manifestación, como se proclamó. Sentí horror, miedo y asco.  Mientras se lanzaban proclamas por la igualdad, la fraternidad, la libertad, la concordia, la paz, el amor libre, contra la violencia, la discriminación y demás consignas, un sujeto vigoréxico de raza negra perteneciente a la seguridad del festejo agredía de forma brutal y feroz a uno de los asistentes, con una rabia desmedida que remató con un poderoso puñetazo en el rostro de aquel chico, que acabó fulminado en el asfalto -próximo al escenario instalado en la Plaza de España- con la nariz y la boca destrozadas y un golpe en la cabeza que le dejó seminconsciente. Ante aquella brutal escena, inmediatamente me dirigí a socorrer al chico apaleado mientras el agresor se retiraba con gesto chulesco y soberbio como respuesta a mis recriminaciones, hasta refugiarse tras unas vallas en las que se concentraban el resto de sus patéticos compañeros de seguridad, todos ellos, hombres de raza negra musculados hasta las cejas. Sentí horror, miedo y asco, pero aquellas sensaciones se verían potenciadas en pocos segundos. Inmediatamente me agaché para socorrer al chico apaleado; sangraba por nariz y boca y apenas mostraba signos de consciencia; y nadie más se dignó a preocuparse por su estado, a echar una mano; parecía dar igual, al fin y al cabo estábamos en el apogeo de una fiesta, la del orgullo gay; finalmente, y ante mis reclamaciones y reproches a los que nos circundaban, por fin alguien decidió echar una mano; una chica me acercó un clínex para que le limpiara la sangre del rostro al agredido, poco después tres o cuatro personas, no más, también intentaron echar una mano y se llamó al Sammur y a la Policía; los primeros aparecieron, los segundos, no. Aproveché entonces la ayuda para dejar por un momento al chico agredido y acercarme a la valla tras la cual se refugiaban aquellos cobardes vigoréxicos con mucho músculo y poco, o más bien nada de cerebro, encargados de la seguridad de la fiesta. Una chica les exigía que ayudaran a socorrer al chico agredido por uno de sus compañeros, a lo cual no sólo no accedieron, sino que además se lo tomaron a chufla. Inmediatamente me dirigí a aquellos patéticos individuos extranjeros para recriminarles la acción de su compañero y la actitud de todos ellos y la respuesta fueron más burlas y amenazas. No voy a proseguir en el relato porque poco más hay que contar; al chico lo atendió el Sammur y los gorilas se quedaron tan anchos ante la desidia de la multitud. Si hago referencia a la raza y condición de extranjeros de los orangutanes de seguridad de la marcha simplemente es para ayudar a identificarlos, y me da igual toda la demagogia barata que se pueda usar en mi contra. Y concluyo: me produce horror, miedo y asco que se haya encargado a unos potenciales asesinos vigoréxicos y sin cerebro el cuidado y la seguridad de los asistentes a la misma. Entiendo que alguien pueda decir que fue un hecho aislado; sí, pero un hecho brutal protagonizado por gente directamente vinculada a la organización del evento y por ello les exijo a sus responsables unas explicaciones, una condena rotunda a este hecho y una depuración de responsabilidades, empezando por identificar al agresor y sus cómplices y terminando por expulsar del colectivo por los derechos civiles de los gays y lesbianas a la persona o personas que decidieron poner a unos potenciales asesinos en primera línea de la organización.

Mi solidaridad queda en paréntesis con los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales hasta que este colectivo, al que tanto he respetado, no dé una muestra de dignidad y coherencia.

Anoche sentí miedo y asco en el día del orgullo gay en Madrid.

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4 comentarios a “Miedo y asco en el orgullo gay en Madrid”

  • Moira_glc :

    Totalmente deplorables los hechos que cuentas. Lo de politizar la marcha ya era algo con lo que se podía contar desde que la miembro/miembra de cierto ministerio de igualdad decidió subir cuan ceniciento/cenicienta en una carroza.
    Lo que sí me parece asqueroso es lo relatas a continuación, y no sólo por el comportamiento de los seguratas sin cerebro que por lo que vemos un día tras otro en los medios están a la orden del día, sino por la falta de solidaridad de la gente que ahí se congregaba hacia la persona golpeada. Sí señor, que no nos jodan la fiesta ¿verdad?, que estoy muy ocupado/ocupada reivindicando mis derechos. Asco y vergüenza en definitiva, ¿ante qué? ante el comportamiento del ser humano.

  • McShuibhne :

    @Moira: Pue sí, no puedes ir exigiendo solidaridad y luego tú no practicarla. No puedes poner el grito en el cielo contra la deplorable violencia contra los homosexuales y tú darle la espalda a un chico apaleado que, además, estaba apoyando tu marcha. Me pareció vergonzoso, y allí no había cuatro gatos, sino miles de personas, y sólo un puñado se preocuparon por el chico agredido. Lamentable.

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