Locos

Sentados en la mesa de un bar, comenté con M el último reportaje que había dejado en nevera tres días antes de cogerme aquellos días libres. Era sobre los raelianos. Le había seguido la pista a aquel tipo sin cara ni nombre -que luego descubrí, pero que ahora no recuerdo- porque, aunque eran una broma más de esta época absurda que nos ha tocado vivir, los raelianos eran una joya en bruto literaria para profundizar en la triste y fantástica realidad que vivíamos.
Recuerdo la conversación con aquel tipo. Acababa de llegar de París, donde trabajaba, para promocionar las actividades de su secta. Estos raelianos decían tener los primeros bebés clonados. Bien. Sólo pensar que puedo multiplicarme por mil me produce una erección. La cosa parece fácil. Alecciono sus mentes vírgenes para que hagan el trabajo sucio: uno ocupa mi puesto en el trabajo, otro me limpia el piso, otro me hace la comida, otro me lava y plancha la ropa, a otro lo envío a que haga la compra y a los demás los envío a follar por toda la ciudad, en grupos de tres, para que se vayan turnando, para que mi nombre reluzca en luces de neón en el reino de las mujeres. Brindo por ello en el bar mientras mis chicos trabajan.
Un mundo perfecto. Un mundo imposible. Sí nos clonarán físicamente algún día, es más, sospecho que algunos científicos ya lo están haciendo, pero ¿y la personalidad? Quizá. Lo bueno de la historia de aquel raeliano era lo que me contó sobre la visita de unas naves extraterrestres en las que unos cabezones asexuados de tres metros nos vendrían a revelar La Verdad. Yo prefiero seguir siendo un ignorante a convertirme en un bicho castrado. Pero volviendo al asunto, tengo que reconocer que admiro a aquel tipo por su falta de complejos y de sentido de la vergüenza apabullantes. La conversación fue telefónica. Él estaba en Barcelona. Y sentadito en un autobús urbano me fue relatando todos los pormenores de los preparativos de una gran base en la que recibirían a los reveladores de La Verdad, me habló de los experimentos con clones, que jamás vimos, y bla, bla, bla. Y ahí estaba él, rodeado de gente en un autobús, diciéndome que si somos hijos tontos de unos sapos gigantes, que Jesucristo existió y que era el comandante de una nave interestelar. ¿Por qué no? ¿Por qué tiene que estar él loco y los demás cuerdos? Quizá esté más loca la tipa que iba a su lado, que lo fiscalizaba con el rabillo de su ojo, que abrigaba su pellejo colgante y arrugado con la piel de un visón, que lo condenaba en silencio mientras agarraba aquel rosario cuando escuchó que Jesucristo, ¡oh, dios mío!, era un extraterrestre. Quizá esté más loco aquel chaval que camino de la Facultad de Derecho se ensimismaba con el recuerdo de la noche pasada, cuando él y sus amigos se fueron de putas, contrataron a una rumana menor de edad y la llevaron a su casa y allí le arrancaron todo, su ropa y la poca dignidad que le habían permitido conservar. Quizá también esté más loca la mujer que se sentaba a su lado, madre de familia, que acababa de perder trescientos euros en el bingo mientras su marido seguía montando piezas en la cadena de montaje de la fábrica automovilística. Quizá estemos todos locos, o ninguno. Pero al menos aquel raeliano tenía menos condicionantes para estarlo, porque no tenía complejos ni vergüenzas, que son los que nos vuelven locos. Un tipo que conservaba toda su dignidad. Quien tiene vergüenza de reconocer que se ha tirado un pedo, quien tiene complejo por ser un pedorro, tiene un grave problema de personalidad. Sí, he sido yo. ¿Pasa algo? Dejemos que la naturaleza actúe. No nos reprimamos. Libre albedrío.
Evidentemente, M no compartía para nada mis ideas. Él se había formado en un ambiente recio, rancio, apostólico y ultrarromano, y no aceptaba, o más bien su reprimida y ultraconservadora mente no alcanzaba a comprender aquellas cosas que se salían de los límites que le habían marcado. Por eso se sorprendía y a veces se asustaba de ver y oír determinadas cosas.
-Ese tío está loco -me dijo mientras saboreábamos nuestras cervezas-.
-¿Por qué?
-Porque sí.
-Esa sí que es la respuesta de un loco. ¿Has perdido la razón?
-Pero, ¿qué dices?
-Que no sabes razonar por qué dices que está loco. Así que, deduzco que si no sabes razonar es que o has perdido o jamás has tenido raciocinio y por lo tanto estás pirado. ¿O no?
-¿A ti te parece normal que diga que Jesucristo es un extraterrestre? Porque si te parece normal, entonces tú sí que estás loco.
-¿Y a ti te parece normal que Jesucristo dijera que era hijo de un dios? Porque si a ti te parece normal que alguien vaya por ahí diciendo que es hijo de un dios, creo que estás más pirado que él. Mira ese tipo.
-¿Qué tipo?
-El de la mesa de al lado. ¿Lo ves? Imagínate que ahora se levanta, se nos acerca y nos dice que es el hijo de un dios. ¿Por qué no le íbamos a creer?
-Porque no. Porque es evidente que no lo es.
-¿Y por qué sí crees a otro al que ni tan siquiera has conocido?
-Porque hubo testigos de lo que hizo y se ha transmitido a lo largo de los siglos.
-Jamás nadie ha aportado una prueba material de la existencia de un dios, ni de sus milagros. Si existió Jesucristo, dudo mucho que lo juzgaran simplemente por estar loco y decir que era hijo de dios. Imagínate cuántos pirados en su época irían diciendo por ahí “soy el mesías, el hijo de dios”. Quizá Jesucristo cometió algún delito, o quizá era un terrorista de su época, o quizá un político molestoso, o yo qué sé. Ten fe en mí. En serio, no entiendo cómo os podéis tragar que su madre era virgen. Quizá gente como yo pueda estar loca, pero los que pensáis que jamás echó un polvo sois unos enfermos mentales. Es más, yo diría que incluso vuestras mentes son perversas, porque aceptáis que dios ejerció su derecho de pernada y eligió a una mujer para engendrarla y el pobre de su esposo jamás pudo hacerle el amor, según vosotros. Joder, la tipa estaba prometida a dios. Y vosotros, mentes libertadoras, os permitís acosar y acusar a los musulmanes. Locos.
-Vamos a dejar el tema. Nunca nos vamos a poner de acuerdo.
-Eso por supuesto, pirado.
-Ya está bien. Me voy a casa. Si quieres llámame luego, que he quedado con Fon para tomar algo.
Cada loco tomó su dirección.
*Ficción basada en personajes y en una experiencia personal reales.
AGARESO






6 Noviembre, 2009 a las 11:05 am
Magnífico relato, buen tema de acompañamiento y, desde luego, real como la vida misma.

Ahora, en el blog de ángel cabrera: Ni tijeretazos… ni derroche ni personalismos
6 Noviembre, 2009 a las 11:50 am
Gracias. La entrevista con el raeliano fue verdad. Le hice una por teléfono a un representante de esa secta cuando trabajaba en Faro de Vigo.
6 Noviembre, 2009 a las 11:10 am
RT @McShuibhne Locos http://bit.ly/1KuvjL
6 Noviembre, 2009 a las 1:06 pm
Locos http://www.mcshuibhne.com/2009/11/06/locos/
6 Noviembre, 2009 a las 4:54 pm
Me gusta mucho tú blog. Lo sigo a diario. ¿Porque cuando llamamos a Telefonica y pedimos que nos atiendan en gallego (pulsando 2) nos sale la misma señorita que si pulsumas 1 (castellano)? ¿Para que dan la opción? ¿Porque nos atiende igualmente una señorita de sudamerica?
Ya hay novedades en el tema de las despedidas de FARO.
Un saludo amigo y suerte.
6 Noviembre, 2009 a las 6:49 pm
Gracias Pepito Grillo. No me hables de Telefónica, que los tengo cruzados
. En cuanto a lo de las compañeras de Faro de Vigo, si quieres pásame información a través del correo electrónico o del formulario de contacto. Los tienes en este blog, en el menú de arriba, Contacto.
¡Saludos!
6 Noviembre, 2009 a las 9:49 pm
Locos: http://www.mcshuibhne.com/2009/11/06/locos/