Excluidos off-line, excluidos on-line

Algunos dudan de mis intenciones, cuestionan lo que escribo, mis opiniones, mi trabajo, mis ideas, mis compromisos… con comentarios como los recibidos en el post “Ni son la sociedad ni me representan”, en los que se me dice demagogo, oportunista, que opino con prisas y sin reflexión, que me quejo de una tontería y busco pelea, o, de parte de un nazi-nternauta, que voy de diferente soltando mierda sobre gente. ¿Y qué quieren, que calle? A mí me da terror el pensamiento único (quizá por eso no me adhiero a él). Claro que aquello lo dicen quienes no conocen mi trayectoria profesional, bloguera y humana. Así que todo esto, tras ser bien batido, tragado y digerido, me llevó a muchos lugares de mi hemeroteca y de mi memoria, directa o indirectamente relacionados  con todo lo escrito ayer y los ataques recibidos. Y quien además de escanear con los ojos comprenda lo escrito, quizá entienda por qué he creído que es ahora oportuno este texto que publiqué justo hace un año en la web de AGARESO (Asociación Gallega de Reporteros Solidarios) y que copio aquí. Quizá su lectura refuerce las opiniones negativas de estas personas sobre mí, o quizá les ayude a empezar a comprenderme un poco, a aceptar que no todos somos iguales ni pensamos lo mismo (celebrémoslo), a respetar que opino y actúo distinto, y a comprender mis ideas sobre esto llamado internet. Hablo de comprender y respetar, no de que se adhieran a mis ideas o las aplaudan, claro. Ése ya es otro cantar. De todas formas, yo seguiré siendo fiel a mí mismo, acertando y errando, porque a la única que intento contentar es a mi conciencia y no a ti ni a él.

Excluidos off-line, excluidos on-line

logoagareso2 Excluidos off line, excluidos on lineSociedad de la Información y del Conocimiento, era digital, TIC, redes sociales, web 2.0… dominan la nueva realidad a la que nos enfrentamos, la enésima utopía de libertad, igualdad y fraternidad que construimos en el imaginario colectivo. Porque el nuevo status quo lleva aparejadas las realidades de la brecha y el analfabetismo digitales, y los derechos de comunicación en la Sociedad de la Información.

Hoy, más que nunca, la información y el conocimiento son sinónimos de poder, entendido como fuerza vinculada a la acción social y a la capacidad para cambiar la realidad. El acceso global a esa nueva realidad interactiva, a sus herramientas, medios y obras, desde el punto emisor y receptor, es condición sine qua non para alcanzar una auténtica Sociedad del Conocimiento. De lo contrario, la brecha social y económica no tendrá parangón.

El conocimiento no puede ser un privilegio, sino un derecho universal. No puede ser monopolizado por quienes crean, sirven y gestionan los medios, las herramientas y las propias obras, ni ser una concesión a quienes se les presupone el derecho de acceso previo pago de los servicios y herramientas de acceso al conocimiento global.

Sin embargo, esta nueva sociedad que emerge lo hace quebrantando aún más los derechos de los desprotegidos, los desamparados, los incomunicados, los excluidos. Hay ya una idea asentada en el subconsciente colectivo de que quien no está en la Red de redes no existe. Cierto es que aún es prematuro asumir esto como una verdad absoluta, dado que esta nueva era, la digital, aún está desprendiéndose del pañal. Pero la brecha se agranda a un ritmo frenético, y los que estamos dejando fuera de las fronteras digitales corren un alto peligro de absoluta invisibilidad. Y, ¡vaya!, miren ustedes por dónde, los excluidos on-line resulta que son los mismos excluidos off-line.

Socializar vs monetizar

Resulta como mínimo paradójico que ahora que tanto se habla de políticas sociales, el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, no haya aprovechado un encuentro como FICOD 2008 (Foro Internacional de Contenidos Digitales, celebrado en Madrid del 25 al 27 de noviembre) para dar un toque de atención a los congresistas y ponentes, y a la sociedad en general, sobre la imperiosa necesidad de hacer accesibles a todos, y digo a todos, sin exclusiones, las herramientas, los medios y los contenidos digitales, y de apoyar políticas de educación digital, claves en la integración de los más desfavorecidos.

Pero Sebastián no pensó en clave social, sino en clave monetaria. Porque ante sí tenía un foro donde durante tres días el verbo “monetizar” monopolizó las ponencias y mesas redondas. Monetizar incluso las redes sociales. Durante la entrega de los Premios FICOD 2008 -eché de menos un galardón a contenidos sociales- Sebastián lanzó un discurso basado en términos económicos, de facturación, de mercado y de ocio y entretenimiento, y pasó de puntillas sobre un asunto esencial, aunque no el único, como el de la educación.

¿Nos excluyen de los contenidos digitales y de la nueva era digital a los que no creamos en clave económica, ni de ocio ni de entretenimiento? Mal va la Sociedad de la Información, señor Sebastián, si no pensamos en beneficios sociales y en clave solidaria. Puedo decirle que en mis intervenciones en el Foro, aportando al debate asuntos tangentes al desarrollo, la sostenibilidad, la educación…, se echaron balones fuera.

Quiero desde aquí recordarle al ministro de Industria, Turismo y Comercio, y a la llamada industria de contenidos digitales, que este artículo y, por ende, agareso.org también son contenidos digitales, aunque no los moneticemos.

Pero me basta con remitirme a la Estrategia de Lisboa para evidenciar los agujeros de esta presunta Sociedad de la Información y del Conocimiento. La Estrategia de Lisboa, aprobada por el Consejo Europeo en el año 2000, es el proyecto más amplio y ambicioso de la UE, tras la unión monetaria y las sucesivas ampliaciones. Trata de convertir a Europa en la mayor economía mundial del conocimiento, con el fin de aumentar la productividad y la competitividad de manera que aseguren el progreso en el Estado del Bienestar, la cohesión y la sostenibilidad, los otros grandes objetivos prioritarios de la UE.

Pues bien, en FICOD se obvió la Estrategia de Lisboa, y bienestar, cohesión y sostenibilidad fueron ideas que brillaron por su ausencia, empezando por el discurso del ministro. Resulta así inevitable pensar que los excluidos off-line no lo vayan a ser también on-line, con las gravísimas consecuencias que esto va a tener para el desarrollo de nuestras sociedades, dentro y fuera de Europa. Porque no podemos olvidarnos ni de los excluidos aquí ni de los excluidos allende.

En FICOD 2008 no se palpó la crisis, todo lo contrario; fue un alarde de millones y millones de euros de beneficios y cero de rendimiento y desarrollo social.

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