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The Huffington Post: periodismo líquido para la sociedad neoliberal

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The Huffington Post ha llegado a un acuerdo con el grupo L’Espresso –editor del diario La Repubblica y la revista L’Espresso– para lanzar la edición italiana del popular sitio web estadounidense, creado en 2005 por la nueva gurú de las empresas informativas: Arianna Huffington. Este acuerdo de colaboración se suma a los que ya ha alcanzado Huffington con Le Monde en Francia y El País en España,  cuyas versiones regionales del agregador norteamericano se sumarán a las ya existentes en Reino Unido y Canadá. The Huffington Post va consolidando así su estrategia de echar las zarpas a los grandes grupos mediáticos europeos para dominar el mercado de la información en Occidente. Un modelo muy discutible que voy a explicar para que entendáis en manos de quién están dejando los diarios europeos su destino.

The Huffington Post es un producto de la confrontación entre los llamados medios tradicionales de masas y los denominados nuevos medios sociales, y de la tensión entre el viejo modelo periodístico y el nuevo modelo de producción y distribución de información. The Huffington Post es el paradigma de modelo de negocio de éxito en el nuevo ecosistema mediático y la realidad líquida. Su estrategia se sostiene en tres puntos clave:

  • Crear una estructura empresarial flexible y líquida, de costos reducidos e integrada en un conglomerado mediático transnacional: AOL
  • Integrar en la estructura periodística un repositorio global de blogs, cuyos autores reciben como remuneración visibilidad y atención
  • Desarrollar una estrategia SEO que supedita los contenidos a los algoritmos de Google y demás buscadores para estar en lo más alto del ranking de visibilidad.

Es así como se produce lo que considero la paradoja de la larga cola en una nueva lógica económica: el medio en la cabeza del mercado es nutrido por la larga cola de blogs; o dicho de otra forma: la larga cola de nichos especializados mantiene al viejo modelo de masas en la cima de la curva de la demanda. En esta nueva lógica, el dador espera a cambio una gratificación en forma de estímulo, el de una droga aún más dura que el dinero en la era de las masas creadoras y de la saturación informativa: la visibilidad y la atención a través de su exposición en un medio global. Un modelo de bajos costes y altos rendimientos económicos que se sustenta en la economía de la atención, la larga cola y la paradoja del control en internet. Veamos cómo funciona este modelo.

En nuestra sociedad de un nuevo bienestar (simbólico) se está haciendo popular clasificar los ingresos de la atención por encima de los ingresos de dinero. Como ya señaló Georg Franck en 1999, la atención de los otros es la más irresistible de las drogas. “Por eso la gloria sobrepasa al poder y por eso la riqueza es ensombrecida por la preeminencia. El indiscutible común denominador de las elites es la preeminencia, que no es sino el estado de lograr la mayor atención. Por eso llegar a ser popular y atraer la atención es más importante que la riqueza económica” (Franck, 1999). Así es como se favorece un modelo de bajo coste y alto rendimiento económico para el medio global, basado principalmente en la dación de contenidos de los ciudadanos a cambio de atención y en la tiranía algorítmica de Google.

En el libro La estrategia de Sherezade (2011), el francés Christian Salmon inicia su ensayo con esta sentencia: “La vida de las sociedades neoliberales se presenta como una inmensa acumulación de historias”. The Huffington Post representa muy bien el modelo líquido de la inmensa acumulación de relatos fugaces de las sociedades neoliberales, en las que el acto de comunicar-informar se ha convertido en puro entretenimiento, o pasatiempo. La propia Arianna Huffington lo explicaba recientemente en una entrevista en El País (las negritas son mías):

“Somos una plataforma en la que ofrecemos distribución a miles de personas que superen un listón de calidad. No se la dejamos a cualquiera. Pero si tienes ese nivel, seas o no conocido, puedes estar en la plataforma de The Huffington Post. Así puedes llegar a una gran audiencia, en nuestro caso enorme gracias a la unión con AOL. Los comentarios son moderados previamente, con lo que entras en una conversación de calidad. Si quieren o no bloguear es su opción. Nadie va a llamarles para decirles que blogueen, no se crean expectativas, no hay plazos. Hay mucha gente que no lo entiende porque es un nuevo modelo, no comprenden por qué hay personas que bloguean gratis, o por qué actualizan la Wikipedia sin cobrar, o su muro de Facebook. Comunicar es el nuevo entretenimiento de la gente. Es una nueva fuente de autorrealización. Nadie se pregunta por qué hay gente que se pasa horas viendo mala televisión gratis. Todavía no nos hemos ajustado a la nueva realidad de cómo la gente quiere vivir sus vidas. En cuanto a la agregación, aunque tuviera un presupuesto ilimitado seguiría haciéndolo. Es un servicio a mis lectores. Si mi compromiso es mostrar lo mejor, algunas historias las produciremos nosotros y otras las escogeremos, las filtraremos de otros sitios”.

Un modelo que se viraliza e infecta ya a Le Monde en Francia, a El País en España y al grupo L’Espresso en Italia, que clonarán el exitoso modelo de negocio de Arianna Huffington. Éxito que excluye las variables cualitativas y que se mide exclusivamente en cantidades. Es el triunfo del modelo informativo neoliberal, “basado en la abundancia de contenido de bajo coste, con la opinión, la suma de contenido ajeno y la optimización en buscadores (SEO) para conseguir el máximo de tráfico” (Varela, 2011).

Es, en definitiva, el modelo de pasatiempo informativo, de la banalización del periodismo, la expansión de áreas de noticias blandas, la producción de información como hobby, su consumo como entretenimiento, la anécdota sobrevalorada y el clímax de la superioridad del opinionsharing sobre el newsharing (la opinión prima, tanto, que parece el único motor que sostiene internet; he ahí la clave: todos quieren opinar, todos quieren influir, todos quieren gobernar). Y lo banal narcotiza. Paul Lazarsfeld y Robert Merton nos introdujeron en 1948 en las consecuencias que producen los medios cuando saturan a las audiencias con contenidos intrascendentes, alejándolos de las problemáticas sociales de importancia y convirtiéndolos en meros espectadores de un mundo ocioso, superficial y trivial. Ahora se produce un aggiornamento de la disfunción narcotizante hacia la que nos empuja la inmensa acumulación de relatos y el nuevo modelo de sobreabundancia de intereses personales agregados en espacios de acceso masivo en la red.

Si el modelo The Huffington Post es el paradigma, parece, pues, que los medios de información de masas dejarán progresivamente de ser productores de información y tenderán a convertirse en agregadores de contenidos de medios personales especializados, con nuevas temáticas y nuevas formas de pensar, producir y distribuir la información. Es, al menos hasta ahora, el modelo de éxito en internet, donde ninguna de las grandes corporaciones que dominan el ciberespacio es creadora de contenidos, sino que se nutren y se mantienen en la cima de la curva de demanda masiva gracias a la larga cola: “Una característica económica fundamental de la Web 2.0 es la distribución de la producción en manos de muchos y la concentración de los beneficios económicos en manos de unos pocos” (Carr, 2006). Es decir, el proceso de democratización en la producción y distribución de contenidos está intervenido por la paradoja del control en internet: la libertad de expresión y creación digital gracias a las nuevas herramientas tecnológicas aumenta los creadores y las obras, pero el control de la comercialización y el rendimiento económico se concentra cada vez más en menos manos a través de una recentralización. Así, mientras en la larga cola cientos de millones de usuarios nutren la red con contenidos a cambio de las herramientas para producirlos y distribuirlos, y gratificados por la visibilidad y atención que reciben, la cabeza de la red acapara los recursos y beneficios económicos y se fortalece, de manera que los resortes de internet van siendo concentrados por el oligopolio de Google, Facebook, Amazon, Apple, Microsoft, etc. Una estrategia que está siendo adaptada en el sector periodístico, que parece apostar por el nuevo modelo de negocio de la agregación a gran escala –en una escala web– y a bajo coste de contribuciones generadas por los prosumidores, como única vía para convertir en lucrativo el negocio. The Huffington Post es, en el sector periodístico, el máximo exponente de este modelo en el que los nuevos autores contribuyen con nuevos relatos y versiones a estirar una larga cola que, paradójicamente, nutre a la cabeza del mercado y contribuye a mantener estructuras de dominio y poder.

The Huffington Post es el mensaje (o el masaje) en sentido mcluhiano. No importan tanto los contenidos, como su suma y jerarquización; no importa tanto la relevancia y envergadura de las palabras e imágenes periodísticas como la acumulación continua de múltiples relatos, su consumo masivo, desenfrenado e incesante, y los efectos que la nueva estructura de producción, distribución y consumo causa en los usuarios; no importa tanto la trascendencia de los relatos, que se suceden a un ritmo endiablado, como el medio que los vehicula y el uso que los ciudadanos hacen de las herramientas que les ofrecen.

La apuesta por la cantidad, el bajo coste y la información como espectáculo fugaz, en detrimento de la calidad y profundidad, pone en serio peligro la existencia del periodismo, al menos en su idea romántica, y cuestiona la importancia que tienen para cualquier sociedad los hechos y datos noticiosos y verificados, la información sólida, consistente, relevante y de interés general, que nada tiene que ver con este modelo de proliferación de lo anecdótico, lo curioso, lo sugestivo, lo opinativo y de la realidad líquida, mutable, voluble, transitoria, fugaz.

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