Luis Ventoso se ha ido de pesca y nos ha traído una lubina y una merluza para explicarnos, de forma sui géneris, el estado actual de la fusión de las cajas gallegas. En su columna de opinión, Ventoso, además de alentar entre líneas el odio Norte-Sur que tanto daño ha hecho a Galicia, moldea la realidad a su gusto, que es el de su periódico, La Voz de Galicia; el de su alcalde, Javier Losada, y el de su caja, Caixa Galicia.
Luis Ventoso falta a la verdad, a una parte de la verdad. Luis Ventoso oculta datos de forma interesada sobre la fusión de Caixa Galicia y Caixanova, y manipula los que expone para su conveniencia y la de su lobby. Y lo hace, además, dejando entrever un odio latente e incomprensible hacia Vigo y Caixanova, una ciudad y una entidad a las que ningunea y observa con desdén en el artículo que publica hoy en La Voz de Galicia con el título “Feijóo, el reparto del poder y la Galicia global”. Un artículo que parece más propio de un jefe de prensa de Caixa Galicia o del alcalde de A Coruña que de un periodista presuntamente independiente, objetivo y veraz.
Para empezar a hablar de su artículo es fundamental empezar por el último párrafo, donde, con soberbia, Luis Ventoso presenta a Caixanova como una insignificante lubina que se quiere comer a una gran merluza que sería Caixa Galicia. No contento con manipular la realidad con esta ridícula metáfora, apela al discurso arcaico de las dos Galicias, ése que tanto daño ha hecho a este país, el mismo al que recurren los rencorosos, el de quienes fomentan el odio entre Vigo y A Coruña, el de aquéllos a los que tanto les gusta jugar a troyanos y espartanos, el de quienes creen que Galicia sólo es un binomio y olvidan que existe más Galicia que la olívica y la herculina, el discurso que divide pero que ellos, manipuladores, disfrazan con palabrería y artificios para erigirse en defensores de una Galicia global frente a los separatistas vigueses (léase en la mente de Ventoso cuando se apropia para su periódico, su ciudad y su caja la titularidad del proyecto común de país). Estos amantes del discurso populachero son los mismos que abrirán otro ridículo frente de confrontación cuando toque hablar de los patrocinios de la nueva caja (¿Celta o Deportivo? Tiempo al tiempo, son capaces de eso y de muchas más memeces).
Ventoso concluye así su artículo:
Intentar que la lubina se coma a la merluza equivale simplemente a hacer imposible la unión. Así no saldrá. Nadie puede pretender colgarse la medalla de la fusión a costa de humillar, precisamente, a la Galicia que más ha apostado por el proyecto común de país.
Para llegar a esta grotesca conclusión (¿humillar?), Ventoso ha ido antes lanzando cargas de profundidad de odio y medias verdades sobre el estado de las dos cajas gallegas y su fusión, y sobre esa Galicia global que se apropia en su título para luego desmembrarla y descuartizarla en el texto.
Es como mínimo paradójico que alguien que apela a la Galicia global argumente con un discurso de preponderancias económicas, sociales e incluso éticas de una parte sobre la otra, del Norte sobre el Sur, de Caixa Galicia sobre Caixanova, de A Coruña sobre Vigo, de, como precisamente escribe Ventoso, una Galicia sobre otra, de una grande sobre otra pequeña, contradiciendo esa Galicia única y global, esa idea de país a la que tanto han recurrido su periódico y Caixa Galicia para apurar la fusión de las cajas.
Esa solución salomónica entre Caixa Galicia y Caixanova marca la línea para saldar una alianza sin abrir graves heridas territoriales: la grande cede un poco para no agraviar a la zona de influencia de la pequeña y acepta una solución paritaria.
Ventoso, no sé si por ignorancia o con afán de manipular la realidad, recurre al dato fácil, sin entrar en lo cualitativo, porque no interesa explicar la imperiosa necesidad que tiene Caixa Galicia de fusionarse con Caixanova para evitar ser absorbida por Caja Madrid y remontar su agónico estado. A Ventoso le preocupa el tamaño y por eso ataca directamente no sólo a Caixanova, sino a Vigo:
Caixa Galicia tiene 2 millones de clientes y Caixanova 1,2 millones. La mayor dispone de 30.000 millones en depósitos, diez mil millones más que la menor. Caixa Galicia, que desde el principio aceptó estudiar la fusión, es mucho mayor que Caixanova, que intentó boicotearla desde el comienzo. Pero la más grande ha entendido que la caja única gallega solo puede nacer con equilibrio en el puesto de mando y con generosidad. Ha renunciado al rodillo que dictan los datos empíricos, pues lógicamente Vigo y su área de influencia no lo consentirían. Pero tampoco puede tolerarse el rodillo a la inversa, pues provocaría una auténtica conmoción social en la Galicia que más aporta al proyecto.
Quizá Ventoso tenga razón, quizá con sus números Caixanova y su área de influencia (léase Vigo) sean una pequeña lubina frente a la gran merluza de Caixa Galicia y esa parte de la Comunidad que “más ha apostado por el proyecto común de país” frente a los secesionistas vigueses. Pero Ventoso no cuenta que de nada vale una merluza gorda si está intoxicada ni que la “Galicia que más aporta al proyecto” necesita como el comer a la otra parte. Ventoso elude contar que Caixa Galicia quiere evitar a toda costa ser absorbida por Caja Madrid, que vio en la caja coruñesa a otra lubina a la que zamparse. Pero, claro, Caixa Galicia es una merluza con aspiraciones de tiburón y no le gusta ser tratada como una simple lubina, como si fuese Caixanova. Pero lo grave del análisis de Ventoso es que manipula el verdadero estado de ambas cajas. Es cierto que Caixanova tiene un menor tamaño por volumen de activos, pero también es cierto que arranca desde una posición financiera más saneada y, por tanto, podría verse lógica esa paridad que Ventoso vende, con soberbia, como una suerte de favor y gesto de generosidad por parte de los suyos para con los pequeños del Sur. La gran merluza buscaba viabilidad absorbiendo a una pequeña lubina algo más sana que se ha resistido a ser zampada por la merluza estropeada de Ventoso.
Datos hay para elevar o hundir a ambas cajas, según se mire y según interese, y así los han utilizado tanto La Voz de Galicia como Faro de Vigo. Pero a Ventoso sólo le importa una parte (¿lectura global?), la que beneficia a Caixa Galicia y a los suyos, sin visión de país.
Ahora bien, si se trata de ser interesado, podemos poner sobre la mesa, por ejemplo, el estudio llevado a cabo por MercoMarcas en el que Caixanova ha sido seleccionada como la mejor caja de ahorros de implantación autonómica en 2009, atendiendo a criterios de calidad de servicio, garantía, solvencia, innovación tecnológica y servicios de calidad a clientes. Son datos cualitativos que no interesan a Ventoso.
Podemos hablar también de que la agencia de calificación crediticia Fitch sitúa el rating a largo plazo de Caixanova en A-, por encima del de Caixa Galicia, en BBB+, pero esto tampoco interesa.
¿Por qué no exponer también los beneficios netos de ambas entidades? Caixanova logró superar en beneficio neto a Caixa Galicia. La entidad dirigida por José Luis Méndez ganó el año pasado 91 millones de euros, un 60% menos, frente a los 144 millones que logró de beneficio Caixanova, con un retroceso del 22%.
Además, si el índice de morosidad ha crecido un punto en Caixanova, en el caso de Caixa Galicia lo ha hecho un punto y medio. Ambas entidades se sitúan en la media de las cajas españolas, según los datos difundidos por la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorros).
Y mientras Caixanova creó en 2009 una veintena de puestos de trabajo, Caixa Galicia hizo un recorte de 241 empleos.
Podríamos seguir en esta guerra absurda exponiendo muchos más datos a favor y en contra de unos y otros. Pero los datos sólo son eso, datos que se pueden leer como uno quiera o le interese, y manipular en favor de una parte o de la otra.
Por otro lado, podemos ir a un análisis muy simple que cualquier neófito puede entender: quien ha querido fusionarse sí o sí ha sido Caixa Galicia. ¿Por qué? Creo que la respuesta es evidente. No ha sido por hacer país –no seáis ingenuos, ya quisiéramos los gallegos que así fuese–, sino por necesidades financieras imperiosas. Y Caixanova, guste o no guste a Ventoso y los suyos, parece tener la sartén por el mango. Por eso se indignan en Caixa Galicia y por eso Ventoso pone voz a los indignados. Y si Caixanova abusa de poder en las negociaciones (sí, seguramente esté abusando, todo sea dicho), quizá debamos entender que lo hace porque puede ejercerlo. ¿David podrá con Goliat? El ingenio vale más que la fuerza bruta y Gayoso es un perro viejo.
Dice además el señor Ventoso que “si ahora tolera un aberrante reparto de poder en la nueva caja, que abriría una herida para largos años en la mitad del territorio, Feijóo estará alimentando como nunca antes el localismo”. Paradójico en un artículo netamente localista que sólo defiende los intereses de una parte de Galicia y ataca abiertamente a una ciudad, Vigo; un texto que, además, sólo atiende a un sector de los más de tres milllones de clientes que tendría la nueva caja tras la fusión.
¿Seguro que el señor Ventoso quiere una Galicia global?
Esta fusión no hay que medirla sólo por la cantidad ni basta con ver quién la tiene más grande, sino que además, y sobre todo, hay que velar por la calidad: la calidad de las cajas hasta ahora, la calidad de las negociaciones, la calidad de la caja resultante y la calidad de todos los actores implicados, incluidos los periodistas, muchos, de un lado y otro, afanados en intoxicar informativamente al pueblo gallego con defensas a ultranza de unos y ataques a otros como si la vida les fuera en ello (y les va, os lo aseguro).
Faltar a la verdad, a toda la verdad, y fomentar implícitamente el odio y el enfrentamiento entre dos Galicias (?) no es propio de un buen periodista que además se erige en representante y defensor de una Galicia global.
Para que no se confundan, la cosa no es quién mande más o menos o quién ocupe la presidencia, lo importante es que la nueva caja que surja de esta fusión sea solvente y eficaz, y sea, de verdad, una fuerte bisagra para una Galicia verdaderamente global y no el resultado de enfrentamientos y tensiones entre las dos Galicias que sugiere Ventoso en su artículo. Por mí, como si manda usted, oiga.
Su debate es estéril e infantil. Ésta no es una cuestión de músculo, sino de calidad, y por ahí deben ir las negociaciones.
Si el argumento era hacer país, Luis Ventoso se ha desviado en un ejercicio que huele a periodismo de prebendas, lo cual, dicho sea de paso, no sorprende en el estado actual de la profesión.
Y ahora me voy a comer una lubina y una merluza. ¡Salud!
P.D. Por cierto, hoy la lubina se cotizó en la lonja de Vigo a 12,30 € el kilo, y la merluza blanca, a 4 €. Un dato más.
Actualización (10 de mayo, 11.00 h.)
Dos días después de la publicación de este post, Faro de Vigo publicó el artículo “Veinte preguntas claves para entender la batalla de la fusión”, un texto que sospechosamente coincide con las premisas de este post y amplía el dibujo de la fusión de las cajas con datos interesados que tampoco contempló Luis Ventoso en su artículo en La Voz de Galicia:
“El tenso e intenso debate ha estado contaminado por imposturas, realidades falseadas y verdades silenciadas”.
Coincidencias que se repiten a lo largo del texto:
“Caixanova ha cometido en los últimos años muchos menos errores que Caixa Galicia. Ese es el punto de partida. Sin reconocer esa realidad no es posible entender nada de lo ocurrido en estos 8 meses de batalla en torno a la fusión ni tampoco lo que vaya a ocurrir”.
“Caixa Galicia no cierra la operación [la venta de su red exterior] porque, efectivamente, no es tan sencillo hacerlo y, además, por las consecuencias que tendría para la entidad materializarla en este momento: evidenciaría de forma muy gráfica para la sociedad la fortaleza de una y otra caja y reduciría el tamaño de Caixa Galicia, cuando ésa, la del tamaño, es su principal arma en la negociación”.
“¿Qué esconde la paridad? Una mayor debilidad de Caixa Galicia. La entidad con sede en Coruña es 1,4 veces mayor que Caixanova, y, sin embargo, desde el primer momento puso sobre la mesa que la fusión sería paritaria, es decir, al 50 por ciento. Sus gestores, y la Xunta, han intentado venderlo como una muestra de generosidad, pero la realidad es mucho más prosaica. Ocurre que en esto el tamaño tampoco lo es todo. Ledman Brothers era uno de los mayores bancos del mundo cuando quebró. Hay que ser grande, sí, pero con eso no es suficiente”.
“El éxito de la fusión radica en garantizar la eficiencia y fortaleza de la entidad resultante”
“(…) el “lobby” coruñés…”
Por último, el diario El País ha publicado más datos sobre ambas cajas que también ha omitido Ventoso en su defensa a ultranza del lobby para el que trabaja:
Las filiales inmobiliarias de Caixa Galicia han perdido más de 102 millones de euros, mientras que la suma de los resultados de las filiales de Caixanova en el negocio promotor alcanza los -7,4 millones de euros.