En la Declaración del 27 de noviembre de 2002, el Comité de la ONU para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales incluyó el agua como un derecho fundamental para la vida y la salud. Este informe dice: “La realización del derecho humano a disponer de agua es imprescindible para llevar una vida saludable, que respete la dignidad humana. Es un requisito para la realización de todos los demás derechos humanos”. Un derecho del que podrían verse privadas 5.000 millones de personas en el año 2030 (el 67% de la población mundial), según el informe de la ONU ‘El agua en un mundo en cambio’, presentado en el último Foro Mundial del Agua. Según este estudio, el 10% de las enfermedades de todo el mundo se podrían evitar simplemente con la mejora de abastecimiento de agua, la higiene, los servicios de saneamiento y una gestión adecuada de los recursos hídricos. Algunas estimaciones indican, además, que el número de desplazados medioambientales es de entre los 17 y 24 millones de personas en todo el mundo, y que de aquí al año 2050 unos 200 millones de personas tendrán que migrar debido a cuestiones medioambientales.
La privatización y mercantilización mundial del agua que llevan a cabo los países más poderosos vulnera derechos fundamentales de cientos de millones de personas en todo el mundo. En esta violación está implicado directamente el Banco Mundial, que condiciona sus préstamos para el desarrollo de infraestructuras hidráulicas a la privatización del sector.
La realidad es que mientras millones de personas en los países empobrecidos tienen serias dificultades para buscar y para acceder al agua potable, en los países desarrollados se gastan miles de millones de euros en la compra de agua embotellada a pesar de que se garantiza el suministro de agua potable del grifo. A ello hay que sumar la producción de miles de millones de botellas de plástico cada año, para las cuales se necesitan 17 millones de barriles de petróleo anuales, suficientes para cubrir el consumo de combustible de un millón de vehículos durante un año, según un estudio del portal Education Database Online.
Consumo obsesivo en Estados Unidos
El agua embotellada es en muchos sentidos una obsesión norteamericana: los estadounidenses consumen anualmente 8.600 millones de galones (unos 32.500 millones de litros). Y están dispuestos a pagar 10.000 veces más el coste del agua del grifo por el privilegio de beber un producto indiscutiblemente inferior, según el estudio del sitio Education Database Online (el agua embotellada en Estados Unidos cuesta, de media, 10 dólares por galón, en contraste con el agua del grifo, que cuesta 0,0015 dólares por galón).
A nivel mundial, se consumen anualmente unos 200.600 millones de litros de agua embotellada que generan para la industria 63.000 millones de euros. Uno de los hechos más curiosos es que el 40% de esta agua embotellada es tomada de fuentes de agua municipal, también conocida como “el agua del grifo”, según el informe del portal Education Database Online. Otro elemento extraño de este puzle, según los autores del estudio, es que se hacen menos pruebas al agua embotellada que al agua del grifo. Por ejemplo, señalan que a diferencia del agua del grifo, el agua embotellada no es sometida a la prueba de e.coli. Los autores del informe también denuncian que el agua puede ser distribuida incluso si no cumple con los estándares de calidad exigidos al agua del grifo. Argumentos estos avalados por diversos estudios (es interesante, por ejemplo, el estudio ‘¿El agua embotellada es adecuada para nuestro consumo?’).
Lamentablemente, señalan los autores, el agua embotellada no es sólo más cara y su calidad potencialmente inferior, sino que además produce un impacto ambiental negativo que debe ser considerado. A pesar de que las ciudades más importantes de Estados Unidos han fomentado el reciclaje, sólo una de cada cinco botellas de agua es reciclada; el resto acaba en la basura para generar cerca de 1,4 millones de kilos de plásticos desechados sólo en Estados Unidos.
Infograficos de Online Education








